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domingo, diciembre 05, 2004
11:50 p. m.

Navidad I: Redecora tu vida

rubricado por Higronauta

"Si no fuera por la escarcha de papel, por esa estrella y por ese niño de Belén, no habría motivos para brindar por ti "
Raphael

Seguro que ya se habían dado cuenta, pero, por si las moscas, aquí tienen el higroblog para informarles: se acerca peligrosamente la Navidad. Y con ella todos los elementos típicamente bizarro-tradicionales de costumbre. La iluminación callejera, esa que provoca en el sistema nervioso un sentimiento consumista llevan más de un mes en las calles, ofreciendo la precuela del “espíritu navideño” (a veces me pregunto si esas bombillas no llevarán un mensaje subliminal, algo así como “compre, compre, compre”, como algunos spots de la Coca-cola o algunas películas de la Disney, al estilo Están Vivos de John Carpenter). Aunque un servidor con lo que más disfruta es con los adornos caseros. Zulos de cuarenta metros cuadrados invadidos por ornamentos comprados en los bazares orientales (ex todo a 100, ex todo a 1€) o Ikeas (que parece ser que estos últimos años se han subido al carro de los complementos casposos, sobretodo en temas de iluminación), a cual más hortera y atroz. Ristras de bombillitas de colores (de las cuales, siempre hay una que está fundida), árboles (¿?) de plástico sobrecargados de guirnaldas, crespones y bolas (que dejan más porquería que otra cosa, y que suelen ocupar media sala de estar), angelitos plastificados (dudeo: ¿cuando tocan las trompetas no están anunciando el Juicio Final?)… Otro elemento típico, y horroroso, es colgar las míticas ramitas de muérdago (que con el avance tecnobioalimenticio de este siglo, un servidor las cambiaría por ramitas de muësli) y minipaquetitos en forma de regalos por toda la casa, siendo el lugar “más apropiado” para ello la puerta de la vivienda (pero no por dentro, que todavía queda disimulado, qué va, por la parte exterior, reclamando un espíritu navideño a todo aquel que traspase el dintel y penetre en zona navideña).


Una especie en vías de extinción son aquellos que se sienten más navideños que nadie, que suelen iluminar el balcón, o a falta de éste todo el marco del ventanal (ya sea con ristras de luces, ya sea con slogans snuff, del tipo “FELICES FIESTAS” o “PAZ y AMOR PARA EL 200…", produciendo desde la calle un efecto esperpéntico, y evitando que los propietarios de tales decorados se vean incapaces de asomarse si quiera, ya no por frío, sino por temor a acabar apedreados por alguna pandilla de vándalos antinavideños.

Desde aquí les insto a que dejen a un lado la decoración aséptica de la que a bien seguro gozan sus hogares, y dediquen, aunque sólo sean unas horas, a acondicionarlos para la llegada de tan esperadas fiestas. Se sentirán bien. Se sentirán mejor. O no.

NOTA: Se inicia aquí una serie de varias entregas sobre las tradiciones navideñas. Porque si existen fechas donde el ser humano se colma hasta arriba de cometer atrocidades y barbaridades contra el buen gusto y el saber estar, son éstas y no otras. Como habrán podido comprobar, estos posts se crean desde la más absoluta de las objetividades, sin ofrecer en ningún momento una visión crítica y mordaz de los temas a tratar. Nada más lejos de mi intención. O sea.

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