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domingo, diciembre 12, 2004
11:44 p. m.

Es el 7º Arte

rubricado por Higronauta

"Que toda la vida es cine y los sueños cine son"
L.E. Aute

Es domingo por la tarde. Me decido ir a disfrutar de una película en una sala cinematográfica. Consulto la cartelera del diario. Un número incontable de películas norteamericanas insulsas, anodinas y estúpidas se repite como el código de matrix por los diferentes cines de mi ciudad. Caigo en la cuenta de que existe una ley básica en toda cartelera que se precie: la calidad de la película es inversamente proporcional al número de salas donde se proyecta. Consulto los horarios. Empezamos mal: por cuestión de horario me veo imposibilitado de ir a ver cualquiera de las dos películas por las cuales estaba interesado. Busco alternativas; de lo malo lo menos malo. Me decido por una que dentro de lo que cabe, puede dejarse ver.
(…)


Llego al cine media hora antes del inicio de la proyección. Una ristra de carne humana haciendo cola para comprar la entrada llega más allá de donde mi vista me permite. Asumo con resignación la burocracia y me sumo al personal. Quince minutos más tarde (hoy he tenido suerte) llego a la taquilla. La cajera con una alegría desbordante me sustrae 6€ por un ticket de menos de 2x5cm. Pienso en mis tiempos mozos cuando por 300 pesetas podía entrar en un cine y todavía me sobraba. Pienso también que tampoco soy tan viejo, que de eso hace menos de diez años. Entro en el cine. Vaya, no me había dado cuenta de que era un multisalas. Una, dos, tres, cuatro… y así hasta que cuento dieciséis salas. Me pregunto si algunas entradas a las salas darán a una especie de dimensión paralela, donde el espacio sera ilimitado, porque si no, con mi par de neuronas en pleno funcionamiento, no llego a comprender como puede haber tanta sala en tan poco espacio físico. Tengo sed, así que decido ir a comprar una botella de agua. Otra cantidad elevada de gente hace cola para comprar su habituallamiento oficial delante del minibar/megasucursal de caramelos/tienda de frutos secos/cafetería. Me da la impresión a veces, que si la gente no entra con un refresco en un vaso de litro en una mano y una carretilla de palomitas en la otra, son incapaces de traspasar el umbral de la sala, creándoles un estado de ansiedad absoluto. Diez minutos después consigo mi objetivo. Dos euros por un botellín de agua. Ya llevo gastados ocho y todavía no he visto ni los trailers, vamos bien.

Paso a la sala. La mayoría de asientos están ya ocupados, cosa que no es muy difícil contando que hay 30, y que la extensión de la sala es poco mayor que el comedor de mi casa. Ahora biene cuando se pone en funcionamiento otra ley básica: me siente donde me siente, seguro que al lado me tocará A) El soplagaitas de turno que se cree más gracioso que nadie y no hay manera de que se calle, B) la típica pareja que tienen que comentar toda la película, o bien porque uno de los dos no se entera del argumento (cosa normal, con las tramas complicadas y filosóficas que ofrecen las películas actuales) o bien porque pertenecen al género “listillo”, es decir que van comentando las escenas de la película antes de que sucedan (cosa normal, con las tramas complicadas y filosóficas que ofrecen las películas actuales), o C) los cerdos de la sala, esos elementos que han comprado medio supermercado, y que se pasan toda la proyección abriendo bolsas de plástico, masticando (con la boca abierta, of course) cualquier elemento ingerible cuyo ruido al comer sea superior al de una estampida de elefantes, y sorbiendo de un vaso que hace dos horas que se acabó. Total que me acabo sentando lo más lejos que puedo de la pantalla, cosa bastante difícil porque me siente donde me siente, voy a estar a dos metros de ella.

Continuará...

3 Réplicas:

  At 14/12/04 01:03 Blogger Gorgon afirmó:

mmm... esa sensación me suena, me refiero por supuesto a la sensación de vacío en el bolsillo al entrar a la sala, y la cara de tonto al percartarte que posiblemente has desperdiciado 2 preciosas horas de tu vida para ver: "Yankilandia ataca por trigésimo octava".

PD Si mis informaciones no son erroneas, hay una ley por la cual en un cine, por lo menos el 40% o 50% de los largometrajes deben ser producto nacional... aunque no se si eso sería mejor o peor

  At 14/12/04 01:06 Blogger Gorgon afirmó:

Se me olvidaba, hay una ley que por lo menos aquí en Málaga se suele dar con bastante frecuencia y es la siguiente: la calidad de la pélicula suele ser inversamente proporcional al número de salas del cine en cuestión. Es decir, en los cines de una y dos salas de toda la vida son los únicos sitios donde se pueden disfrutar películas en condiciones, en mi caso incluso pude ver (Zatoichi o Dragon Head)
Respecto a las cuotas de distribución yo las impondría tal como está el asunto de denigrado, aunque sustituiría el tanto por ciento de producto nacional por simplemente películas no-yankis. De esta forma lo mismo podíamos asegurarnos unas cuantas películas asíaticas al año en cartela.
Respecto a la ley de calidad-número de salas, aquí en Barcelona, con la conversión de los templos de arte (aka cines) en pocilgas palomiteras (aka multisalas), no se da tanto, ya que en un local de estos con 15 salitas, siempre cuelan alguna película pasable/buena para atraer a los sectores minoritarios.