
La edición y publicación a estas alturas de siglo de una revista como
SCIFIWORLD no puede resultar más anacrónica y vácua. En un (primer) mundo donde la cibertecnología se encarga de facilitar y democratizar el acceso a la información, masificada, sí, pero instantánea en tanto que globalizada internáuticamente hablando, una revista que pretende recoger una serie de avances y reportajes sobre estrenos cinematográficos de género es ya antigua antes si quiera de que la tinta de su impresión se halla secado si quiera.
El problema, quizás, no radica en la publicación en sí (y mucho menos en su target), si no en su selección de contenidos. Existiendo como existen miles y miles de páginas que recogen casi al instante lo más novedoso del sector y con un grupúsculo de elementos autoproclamados críticos y analistas no puede pretenderse lanzar al mercado una revista con contenidos básicos y, sobre todo, efímeros.
Porque hace unos años, en un tiempo donde la oscuridad informativa era una constante, el menú cultural que nos oferta SCIFIWORLD podía resultar fresco, atrayente y envolvente. Pero a día de hoy, la apuesta debería venir encaminada con unas propuestas, si no arriesgadas, sí, como poco, diferentes. Un artículo somero (qué digo somero, somerísimo) sobre The Sarah Connor Chronicles habiendo como hay un buen puñado de webs que han analizado la serie hasta el más mínimo detalle, me parece, a parte de una falta de respeto para con el comprador/lector, una aberración. Decántense por analizar cintas ajenas al mundanal blockbusteriano favoreciendo así su difusión y promoción, ofrezcan suculentos reclamos dadivosos (como los carteles del actual número, por ejemplo), o realicen artículos mucho más profundos sobre los temas tratados. Pero, por favor, no se queden en la superfície, convirtiendo, lo que podría ser un hito kioskero en un mero Reader's Digest del cine de ciencia ficción, terror y fantástico.
Al mismo tiempo, ese espíritu (post)fanzinero produce algo de dentera, no ya solo en los textos, quizás en ocasiones demasiado apasionados y deformados, si no en esos pies de imagen que parecen buscar más la jocosidad entre amiguetes que cualquier atisbo de rigor para con la fuente y lo que en ella se ve. Sentencias como «A veeer... ¿dónde habré dejado el Ipod?» en una captura de Tony Stark trabajando en la armadura férrea, o «Qué bien me vendría ahora una sesión de Botox! Quizás más adelante» bajo una estampa de un Terminator algo dañado no viene más que a enfatizar y perdurar los tópicos subyacentes, tanto para este tipo de cine como para sus seguidores.
La conclusión a la que llega el que esto escribe es que resulta totalmente innecesario el desembolso de los 3,20€ que cuesta la citada revista para acabar como poco igual de informado de lo que se estaba en un inicio y con la sensación de estar leyendo una web casera cualquiera en formato papel y con la caducidad repentina consecuente a los tiempos que corren. Quizás debieron quedarse en su web y con su pdf descargable. Aunque eso, el tiempo y, sobre todo, las ventas, lo dirán. O sea.
Etiquetas: Revistero higronáutico