Lo de este espacio catódico es increíble. Desconozco si hay más emisiones, pero ya les digo que la hora en que un servidor ha tenido oportunidad de visionarlo ronda cercana a las 15:30, momento en que su presupuesto target, anda ya metido en tareas escolares varias. ¡Qué viva la energía! o, antaño ¡Qué viva el agua! son presupuestos programitas pedagógicos que intentan concienciar a la chiquillada patria a ser mucho más respetuosos con el medio ambiente mediante las ya clásicas y consabidas animaciones Flash de unos niñitos que se asemejan a una supuesta simbiosis entre un springfildiano y un lego cualquiera.

La primera toma de contacto que tuve fue con un capitulacho de !Qué viva la energía! donde se le preguntaban a los tiernos y ocres infantes de qué color querían pintar su habitación por parte de sus progenitores. Obviamente los niños, como tales, solicitaban colores vivos y acordes a su edad, pero, ¡Oh horror! ¡Oh error! Los niños eran informados que ese tipo de colorines dañaba muy mucho a nuestra querida Gaia por tener que depender mucho más directamente de energías varias para tener iluminado el cuartucho, ya que con colores claros, la iluminación natural resultaba mucho más aprovechable. Y, obvio, al ser críos, aunque animados, así lo hacían, pintando las paredes de colores clásicamente llamados pastel(osos). Concepto sumamente importante éste, como podrán dilucir. O sea, de todos los ecoproblemas planetarios y de todas las posibles aportaciones, ésta, sin duda, de las más importantes. Acabáramos.
Y aunque la red es infinita, poca información y menos material he encontrado. Únicamente un tutubo que sirva de muestra para comprobar como el lavado cerebral al que andamos abocados últimamente en tanto que seres comprometidos con nuestro medio ambiente se adapta a la perfección para las mentes más blandurrientas y moldeables de la casa. Cámara y acción.
Dos cosas (2) a destacar. (1) La relación directa ecologismo y determinada marca de productos de limpieza para el ropamen que, fíjense ustedes, sirve para ser mucho más verde que cualquier otro (aunque esto es un concepto que en breve quedará obsoleto, pues, a día que pasa, todo producto tiende exponencialmente a ser más ecológico que el anterior). Ergo, el cuidado del medio ambiente, una vez más, unido, de manera irremediable, al consumismo. O, en plan básico: ecologismo y neoliberalismo cogidos de la mano, caminando hacia un mismo futuro. Y (2), el factor execrable intrínseco a la parábola. Si se fijan bien (aunque mucho tampoco hay que fijarse) ese acorde melodramático que oímos cuando los protagonistas dejan el grifo abierto para nada corresponde a un consejo, una amonestación, o, si me apuran, una recriminación. No. A lo que uno se ve irremediablemente impulsado tras ese rasgueo acústico es a señalar con el dedo al infame niño que ha tenido la osadía de dejarse el grifo abierto mientras lavábase las quijadas. «¡Paredón!» queremos vociferar. O, en plan lewiscarrolliano, «¡Que le corten la cabeza!». La clásica educación correlacionada con la expiación que en tanto que más económica se convierte en omnipresente. Crimen y castigo. Y olé.
Y, es triste afirmarlo, pero no es concepto de tomarse en broma, no sólo por las consecuencias directas que pueda tener sobre el imaginario del colectivo infantil que pueda visionarlo, si no, porque empieza a implicar, sí o sí, que en breve, aquellos entes sociales que no se dediquen en cuerpo y alma al reciclaje obsesivo, serán perseguidos, ya no por la ley, si no por sus conCiudadanos como estigmas sociales. Como los fumadores en ciertos lugares, vamos.
Y es que a estas alturas del cuento, hasta el Capitán Planeta resulta fascinante. O sea.

La primera toma de contacto que tuve fue con un capitulacho de !Qué viva la energía! donde se le preguntaban a los tiernos y ocres infantes de qué color querían pintar su habitación por parte de sus progenitores. Obviamente los niños, como tales, solicitaban colores vivos y acordes a su edad, pero, ¡Oh horror! ¡Oh error! Los niños eran informados que ese tipo de colorines dañaba muy mucho a nuestra querida Gaia por tener que depender mucho más directamente de energías varias para tener iluminado el cuartucho, ya que con colores claros, la iluminación natural resultaba mucho más aprovechable. Y, obvio, al ser críos, aunque animados, así lo hacían, pintando las paredes de colores clásicamente llamados pastel(osos). Concepto sumamente importante éste, como podrán dilucir. O sea, de todos los ecoproblemas planetarios y de todas las posibles aportaciones, ésta, sin duda, de las más importantes. Acabáramos.
Y aunque la red es infinita, poca información y menos material he encontrado. Únicamente un tutubo que sirva de muestra para comprobar como el lavado cerebral al que andamos abocados últimamente en tanto que seres comprometidos con nuestro medio ambiente se adapta a la perfección para las mentes más blandurrientas y moldeables de la casa. Cámara y acción.
Dos cosas (2) a destacar. (1) La relación directa ecologismo y determinada marca de productos de limpieza para el ropamen que, fíjense ustedes, sirve para ser mucho más verde que cualquier otro (aunque esto es un concepto que en breve quedará obsoleto, pues, a día que pasa, todo producto tiende exponencialmente a ser más ecológico que el anterior). Ergo, el cuidado del medio ambiente, una vez más, unido, de manera irremediable, al consumismo. O, en plan básico: ecologismo y neoliberalismo cogidos de la mano, caminando hacia un mismo futuro. Y (2), el factor execrable intrínseco a la parábola. Si se fijan bien (aunque mucho tampoco hay que fijarse) ese acorde melodramático que oímos cuando los protagonistas dejan el grifo abierto para nada corresponde a un consejo, una amonestación, o, si me apuran, una recriminación. No. A lo que uno se ve irremediablemente impulsado tras ese rasgueo acústico es a señalar con el dedo al infame niño que ha tenido la osadía de dejarse el grifo abierto mientras lavábase las quijadas. «¡Paredón!» queremos vociferar. O, en plan lewiscarrolliano, «¡Que le corten la cabeza!». La clásica educación correlacionada con la expiación que en tanto que más económica se convierte en omnipresente. Crimen y castigo. Y olé.
Y, es triste afirmarlo, pero no es concepto de tomarse en broma, no sólo por las consecuencias directas que pueda tener sobre el imaginario del colectivo infantil que pueda visionarlo, si no, porque empieza a implicar, sí o sí, que en breve, aquellos entes sociales que no se dediquen en cuerpo y alma al reciclaje obsesivo, serán perseguidos, ya no por la ley, si no por sus conCiudadanos como estigmas sociales. Como los fumadores en ciertos lugares, vamos.
Y es que a estas alturas del cuento, hasta el Capitán Planeta resulta fascinante. O sea.
Etiquetas: Catodismo, Celtiberia, ¿Sociología?













