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martes, noviembre 22, 2011
1:54 a. m.

Especial Elecciones 2011 - Reflexión higronáutica postelectoral

rubricado por Higronauta


Analizar el resultado electoral resulta una entelequía imposible de asumir por parte de nadie, por mucho que se entesten los politólogos y sociólogos celtibéricos a ello, desde un punto de vista de un CONOCIMIENTO que, a día de hoy, importa poco-nada.

La suma de factores que confluyen en un 20-N cualquiera, es de una magnitud tal que resulta inabarcable aún para el cerebro más experto. Los parámetros a conjugar con los ya clásicos de todo proceso democrático: miedo, castigo, patriotismo, pesar, esperanza (que no Aguirre), utopía, ideales... Un conjunto de vocablos, que, si los contemplamos desde una perspectiva posmodernista de pleno siglo XXI veremos, nos pese o no, que son pura y llanamente vacuos.

La cosmogonía celtibérica confluye así en la URNA cual simios ante el MONOLITO: un proceso y una responsabilidad que, a qué negar, nos viene más que grande y por ende, nos solivianta en tanto que presunción de madurez impostada.

El receptáculo electoral se torna así en un arca de individualidad independiente y reflexivo, una especie de examen, dónde hasta el más lerdo de la clase es capaz de aprovar por el mero hecho de introducir una papeleta dentro de un sobre y éste, a su vez, dentro de la caja de plástico transparente. Prueba superada. No hay suspenso. Todos aprovados. Independientemente de la calidad intelectual del CIUDADANO llamado a voto. La pluscuamperfecta tabula rasa que nos equipara y nos convierte en personas IGUALES.



Es más, los que hacen acto de presencia en los colegios electorales, independientemente de su capacidad de voto, sufren una sobredosis de CIUDADANÍA (supuestamente) RESPONSABLE, porque son capaces de convertirse en jueces y verdugos de todo aquél ente que opte por el NO-VOTO, acogiéndose a los consabidos eslóganes que, a base de reiteración, se han convertido en eslóganes chiripitifláuticos para atacar al prójimo. De sobras saben los derroteros a los que nos referimos.

PRESUNCIÓN DE CAMBIO DE PARADIGMA

Desde éste, su blog, queremos plantear una serie de distopías que comportarían un giro a la corriente actual y que podrían conllevar, dentro de los parámetros (pre)establecidos, cambios en el SISTEMA DEMOCRÁTICO que, sin tocar la base general, podrían conllevar un aumento de la capacidad de PODER DEL PUEBLO (aka DEMOCRACIA):

a) Abolición definitiva de la Ley d'Hondt. Se equipararían así los votos de toda la ciudadanía y se impediría que partidos más votados consiguieran menos escaños que otros, por el simple hecho del porcentaje preestablecido.

b) Uso racional del DERECHO DEMOCRÁTICO. Esto es, por ejemplo, preguntar al votante uno o varios de los puntos del programa del partido a votar. En caso de desconocimiento, imposibilidad de derecho a voto. De esta forma, se solucionarían los votos de castigo/amiguismo/populachismo a los que este país es tan acérrimo, y convertiríamos la democracia en un acto REAL, donde se votaría una línea política no un títere o un contratítere.

c) Utilizando la máxima de Jean Paul Sarte que afirmaba aquello de "Mi libertad se termina donde empieza la de los demás" deconstruir aquellos partidos que van encontra del citado axioma. ¿Libertad de expresión debe ser igual a apisonar derechos civiles y/o humanos? Dudeo.

d) Contabilización de los votos en blanco/nulos como opciones de voto REALES. No como salvaguardas del bipartidismo imperante gracias a subterfugios recurrentes e interesados.

e) Voto obligario o, en su defecto, cambiar el día del electorado del domingo a laborable (justificante de votación por X horas compensadas en mano, sobra decir). Iban a ver como la participación subía enteros, sí o sí, eludiendo así la justificación del abstenido y apechugando con un escrutinio harto cercano al 100%. Por muy ignoto que fuera o fuese.


Y QUÉ MÁS DA (si es proceso electoral)

Todo lo enarrado/planteado previamente, a estas alturas del cuento, y gracias a los subterfugios añejos precreados por intereses propios, es pura entelequía. Bajo el mandato del MERCADO (aka neoliberalismo, aka capitalismo), poco o nada importa quién salga elegido PRESIDENTE de un país cualquiera de la CEE. El paraguas del Banco Europeo es uno y trino, y los mandatos acatables, sí o sí, se han tornado ACTOS DE FE de una realización constreñida. La argucia perfecta de unos políticos que en su momento nos instaron (y así acatamos) a someternos a los mandatos de la OTAN, la CEE, el tratado de Maastricht, el acuerdo de Schengen, la Moneda Única (aka Euro),... Pasamos por el ARO en el momento X del espectro multinacional y ahora nos encontramos en vía muerta encaminados, sí o sí, a descarrilar de un tren que no es, ni nunca fue, el nuestro.

CONCLUYENDO

En esta jornada post-electoral he leído más de una y más de dos veces, que no "no hay nada más triste que un pobre que vota a un partido de derechas". He de discrepar: No hay nada más triste que un trabajador que se cree que es clase media (porque así se lo reiteran los MEDIOS), que piensa que tiene el PODER que otorga la democracia pero que no es capaz de usar su COEFICIENTE INTELECTUAL (si es que lo tiene) para mejorar su situación y la de sus allegados. Independientemente de su opción política, sobra decir.

No se justifica así, la mayoría absolut(ist)a del Partido Popular, ni mucho menos. No se respaldan los millares de CIUDADANOS que se quedaron en casa por vagancia celtibérica o por mera opción política. Tampoco se vanaglorian los electores que optaron por una opción política utópica dentro del zeitgeist que nos ha tocado vivir. Simplemente se puntualiza y se apostilla sobre un sistema (supuestamente) democrático (el nuestro), que, mal que nos pese, es decadente, anacrónico y vácuo.

Permítanme que cierre la diatriba cayendo en el tópico que enarboló don Wiston Churchill, que, pese a todo, parece ser de rigor y, mal que nos pese, inevitable, visto lo visto: "La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás."

Apostilla: al final de todo, muy muy al fondo, lo muy muy de lo más más de todo el proceso electoral que nos ha tocado vivir, ha sido el cancionero cutredance con el que nos ha deleitado el conjunto de partidos celtibéricos, y del cual, como bien sabrán, hemos hecho eco en este espacio. O sea.


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