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martes, agosto 22, 2006
3:43 p. m.

Subnormalia para infantes

rubricado por Higronauta
"El destino protege a los tontos, a los niños pequeños y a las naves llamadas Enterprise."
William T. Riker

Aunque por razones obvias nunca he sido partícipe de la expresión, a día que pasa sufro cierta tendencia psicótica a estar más y más de acuerdo con aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor". Y si no fue mejor, cuanto menos fue más libre. Eso seguro.
Y es que noticias como ésta le hacen a uno reprantearse el sistema (presupuestamente) educativo y/o pedagógico que se quiere inculcar en vena a los infantes y púberes de este siglo tan postmoderno, tan tecnológico y tan globalizadoramente neoliberal: "El canal de televisión infantil Boomerang va a editar algunas escenas de la serie de dibujos animados Tom y Jerry en las que los personajes aparecen fumando tras las quejas suscitadas en el Reino Unido". Ahí es nada.
Utilizando la lógica (demagógica o no), ha de presuponerse, vista la salvajada a realizar por los señores de Ofcom, que los infantes y púberes que visionamos esos capítulos tiempo ha, sufrimos una tendencia patológia al habito de fumar, simplemente porque nuestra moldeable mente contempló como Tom se fumaba un cigarro en pleno acto de cortejo con una bella damisela gatuna. Viene a ser más o menos como la edición que realizó el azucarado de Spielberg con E.T. permutando vía After Effects las armas que portaban los agentes de la ley por inocentes walkie-talkies, ya que los que sufrimos las aventuras del extraterrestre amorfo hemos desarrollado una tendencia psicokiller de tomo y lomo. ¿Non?



Nos hallamos ante una subnormalia pedagógica, que más que educar prohíbe, censura y acota la libertad del educando. Fíjense si no en el edulcoramiento naïf y tedioso de las nuevas versiones de los clásicos: mi querida Pantera Rosa ha perdido todo componente malalechístico y ahora habla, pero, para no decir nada (y obviamente, no fuma, porque ya no es glamouroso, faltaría más). Scooby Doo es un producto edulcorado que ha perdido aquél punto de misterio, en ocasiones terrorífico, en ocasiones histriónico, de la serie original. La factoría Warner ya no sufre atrocidades varias en manos de sus carismáticos personajes: ahora son meros peluches que de tan buenos provocan la nausea más atroz. Y así, hasta no dejar títere con cabeza..
Lo que no se dan cuenta los señores bienpensantes (y, normalmente, malpensados) es en el mal que adolecen programas y series que tienden hacia el extremo más radicalmente opuesto. Los Teletubbies, los Osos Amorosos, Mi Pequeño Pony o Winnie the Pooh, por citar algunos, no hacen más que sublimar una serie de instintos primarios en la naturaleza humana, enterrándolos en lo más profundo de la mente. Eso sí que es peligroso, porque cuando los engendros, obligados o no, visionadores de estos dibujos, son armas atómicas en potencia, pues cualquier mínimo acto desagradable puede activarlos y ¡poum!.
Aunque, ahora que lo pienso, y siempre desde la perspectiva malpensante y paranoica de un servidor, quizás sea la razón primera de todo esto. O no.

2 Réplicas:

pues fíjese que a mi los teletubis me parecian tan lisérgicos, como fruto de un mal viaje que hasta me llegaron a gustar

  At 23/8/06 10:29 Blogger Higronauta afirmó:

Coincido con usted en esa atracción psicotrónica (que, a qué negar, era la misma que sufrían los pobres infantes). Tengo la certeza que más que creado por pedagogos fue un experimento de un grupo de neurocirujanos para ver hasta donde podían introducirse en la mente humana (basándose en la premisa de la inocencia como elemento primero de la especie).