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sábado, mayo 21, 2011
4:04 a. m.

#acampadaBcn

rubricado por Higronauta


Uno piensa que cuando llega a la edad mediana (esa etapa vital en que los entes más jóvenes le llaman a uno "señor" y los más añejos le reprochan aún cierto atisbo de juventud), todo empieza a tornarse un camino de vuelta. Las experiencias pasadas le han curtido de una manera que su coraza de pesimismo, cinismo y sarcasmo parece inexpugnable a los elementos externos y uno se prepara para empezar a desandar los desatinos y las desavenencias que la vida le planta en los morros, ora sí, ora también.

Y uno, un día cualquiera, se levanta de la cama, y se encuentra con la entropía en estado puro. El golpe es demoledor. Tanto, que manda su imaginario al garete y le deja perdido en la incertidumbre más inópica como si todo conocimiento previo de la realidad que le envuelve se tornara, no una tabula rasa, pero casi. La incertidumbre se torna entonces demoledora y empieza a resquebrajar todo el statu quo cincelado a base de años de experiencia.


Se impone entonces una necesidad vacua e imperiosa de un alto en el camino, de un alejamiento del Todo, para poder contemplar y valorar la situación a la que se halla uno sojuzgado y, guste o no guste, integrado. El movimiento pendular se ha completado y todo ha vuelto a un Antes que parecía ya vestusto y marginado. La crisis de valores personales ha llegado pues y parece que con disposición a quedarse.

Toda la integridad, todo el discurso prefabricado tras años de trabajo involuntario, se desmorona y resquebraja paulatina e inevitablemente. Lo más profundo de uno mismo grita desesperadamente por un anhelo de coherencia, o, si me apuran, de consistencia que le permita aferrarse a algo sólido donde sostenerse antes de caer en una especie de anarquía mental que le comporte, sí o sí, un estado de locura inherente.

«EXistenZ in pause» le gustaría gritar, y que, realmente, funcionara. Pero esto no es un universo creado del ideario de maese Cronenberg y la realidad, lo quiera uno o no, sigue su curso. Y el Zeitgeist se atiborra de un servidor a su gusto.




De aquí unas semanas, todo habrá cambiado. Nada será lo que era. Lo que asusta (y de qué manera) es conocer, o, al menos, intuir, es que será del que esto escribe para entonces. Si es posible, les mantendré informados. Si no es así, suerte para todos. O sea.


Apostilla
: El título del artículo/reflexión está descarademente plagiado del de don Fco. Javier Pérez. Sirva como homenaje póstumo de un cerebro en mutación.

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