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jueves, octubre 14, 2004
11:35 p. m.

Lo peor que le puede pasar a un director

rubricado por Higronauta
"Ser director de cine en España es como ser torero en Japón."
Pedro Almodóvar

Hoy les hablaré de cine español. De un cine que pudo ser y no fue. O mejor dicho, un cine que fue, y en un indeterminado momento dejó de serlo para convertirse en una aberración que jamás debió existir. Directores como Pedro Almodóvar, Julio Medem o Juanma Bajo Ulloa por citar algunos, que en el inicio de sus carreras crearon películas redondas, llenas de sentido y originalidad, han caído de lleno en las garras de lo comercial, dejando atrás una serie de microuniversos difícilmente olvidables e igualables.

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Buscando una cita para iniciar el post de hoy me he topado con esa frase de Almodóvar y me ha parecido como poco irónica a estas alturas. Presupongo que el contexto de donde surge es anterior (y mucho) al Oscar por Todo sobre mi madre. Y es que Almodóvar ha dejado hace tiempo de ser ese enfant terrible que fue en sus primeras películas (Pepi, Luci, Bom..., Laberinto de Pasiones, Qué he hecho yo para merecer esto, La Ley del Deseo...) para pasar a convertirse en un director de melodramas baratos de telenovela de mediodía. Atrás quedan ya aquella relación sadomasoquista entre Bom y Luci (con lluvia dorada incluida), o la maruja más sexy y más sufrida del cine español, esa Carmen Maura fornifollando en la ducha del gimnasio en Qué he hecho yo... Con Kika, el manchego ofreció a su público la traca final, con dos partes bien marcadas: la que iba a dejar atrás, esos primeros tres cuartos de hora tan sublimes para la retina kitsch y petarda, y esos 45 minutos de dramón con palabras mayúsculas. A partir de ahí ha ido cosechando "éxitos" hasta ser reconocido por lo menos esperado: Hollywood. Pues con su pan se lo coma. Citando a Chus Lampreave "paso total, me aburrís"
Aunque quizás duela más el cambio de tercio que ha ejercido Bajo Ulloa en su cine. Por mucho que diga que lo que realmente quería, era rodar una comedia como Airbag, a mí que me expliquen como se puede rozar el limbo del celuloide con Alas de Mariposa y La Madre Muerta, dos obras psicológicas como no se habían visto antes por tierras patrias, y acabar rodando esa especie de plagio barato y garrulo de Arizona Baby venido a menos. Desde aquí una petición: señor Ulloa deje estar el proyecto del Capitán Trueno y dedíquese a otra cosa. Gracias.
Tengo que reconocer, que de los tres directores citados, del que más me duele el cambio tangengial sea el de Julio Medem. Sus tres primeras películas (Vacas, La Ardilla Roja y Tierra) están repletas de poesía, de cierto toque surrealista, y a qué negarlo, de ciertos componentes lynchnianos que las dotan de un carácter especial y único en España, y allende de nuestras fronteras. Ese toque pseudo-onírico, esa abertura a mundos tan alternativos y a su vez tan reales, que en Los Amantes del Círculo Polar empiezan a desaparecer por momentos, y en Lucía y el Sexo brillan por su ausencia entre tanta escena de sexo y erotismo. Sé que hay años luz de distancia, pero es como si David Lynch, después de rodar Mulholland Drive, hiciese 9 Semanas y Media.
Los lectores más avispados, quizás se hallan dado cuenta de que no he tratado a ese otro "pequeño gran artista" que es (o dicen que es) Alejandro Amenábar. Me lo reservo para un post único y exclusivo para él, porque bien lo vale. O no.

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No nos queda entonces, más que esperar que de esas escuelas cinematográficas de fabricar clones de nuestro país, o quizás de algún afortunado genio al que le toque algún premio en la lotería, el cine español vuelva a hacer resurgir, ya no mucho, sino algo (tampoco es cuestión de pedir la luna) el cine de autor (que en este país es equivalente a cine a palo seco). Mientras tanto, seguiré disfrutando con joyitas como Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, Karate a muerte en Torremolinos y las revisiones del maestro Berlanga, que por lo visto es a lo máximo que puede aspirar nuestro cine (que depende de cómo se mire es mucho). O sea.


1 Réplicas:

  At 15/10/04 05:12 Blogger Woed afirmó:

Yo creo que el problema es que aquí en España, todos pretenden ser el próximo Woody Allen o algo parecido y acaban por no disfrutar haciendo cine, de hacerlo como un trabajo más. Por eso nosostros sufrimos sus "productos ibéricos" cada vez más lamentables. De todas formas confio en que algún día llegue una avalancha de directores/guionistas ingeniosos y renueve la industria, si es que existe una industria de cine español.